Las nuevas estrategias empresariales encaminadas a rentabilizar la tecnología, las renovadas normas de producción, y los nuevos requirimientos de las audiencias provocan que el periodista esté sometida a una enorme movilidad profesional, y a la necesidad de ser competente en muy diversos roles,es decir, a la polivalencia de la profesional.
Para algunos el periodista es un tipo de guardia urbano, vigilante, que ordena el enorme tráfico de información que circulan en las famosas autopistas de la información; para otros será una especie de cartógrafo que tiene que construir el mapa comunicativo siempre cambiante, señalando las rutas y también las reglas. Para otros el periodista se convertirá en "infonomista", en informador digital que proyectará las estructuras comunicacionales y los flujos óptimos de información.
Se precisa en el periodista la necesidad de desarrollar una aptitud extraordinaria para administrar las múltiples funcionalidades de interacción con el usuario: para modular y dirigir la conversación informativa, una especie de atributo inmanente de la red.
La misión del periodista ha sido siempre y seguirá siendo contar historias y contarlas de la mejor manera posible.
La eclosión tecnológica ha inducido también una notable confusión conceptual, así se habla del periodista orquesta, periodista todoterreno, periodista multiformato o periodistas multimedia, estas denominaciones no son hoy apropiadas y hay una apuesta por la especialización del periodista en una parcela informativa, una materia o un sector, y orientado a la calidad.
En todo caso siempre existirán periodistas todoterreno que hoy hacen sucesos, mañana sociedad, etc. Pero hoy en día no se entienden sin la especialidad. Periodista todoterreno y especialidado son categorías perfectamente complementarias; la necesidad de trabajar en multiformatos obliga al periodista a asumir compromisos que le conducen al sobresfuerzo con evidentes consecuencias para los resultados de su trabajo.
Otro problema que se presenta en la actualidad es la integración de las estructuras redaccionales analógicas generalmente muy numerosas, todavía en los medios importantes. Esto unido a los exiguos equipos digitales se está connvirtiendo en un sinuoso itinerario de ida y vuelta, mientras se van decantando bastante penosamente las nuevas funciones y competencias de los periodistas.
Salvo excepciones todos coinciden en que la multitarea mediática va inexorablemente en contra de la calidad de la información y que el uso de las tecnologías por parte del periodista producen un notable valor añadido a su trabajo.
La evolución de la contratación de periodistas es hacia una discriminación notable; los rrhh estables son sustituídos por unas figuras laborales más o menos identificadas como freelance.
Es necesario un marco regulador que aporte si no seguridad, al menos claridad socio laboral a la figura del periodista, en un entorno digital ( y lo que queda de analógico), enormemente heterogéneo sin que nadie actualmente definiera un marco regulatorio.
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